Salud y bienestar

El aceite de oliva es la base de la dieta mediterránea, ampliamente reconocida por sus contribución a la salud cardiovascular. El ácido oleico, principal componente del aceite, es el responsable de este efecto beneficioso. Se trata de una grasa monoinsaturada que ayuda a bajar el colesterol y previene problemas cardiovasculares y metabólicos, jugando un rol fundamental en el mantenimiento de un peso corporal saludable al intervenir en la regulación del metabolismo de los lípidos. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) recomienda el uso de aceite de oliva “para aderezar las ensaladas, en frituras y en guisos”, y sitúa este producto en la base de la pirámide alimentaria recomendada, entre el grupo de alimentos que deben consumirse “a diario, varias veces”.

El contenido de ácido oleico es mayor en el aceite de oliva virgen, por lo que la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda “el consumo de aceite de oliva virgen, tanto para cocinar como para el aliño”, fijando su consumo diario recomendado en 3 a 6 raciones de 10 ml (una cuchara sopera). El aceite de oliva virgen extra es además particularmente rico en vitamina E, un antioxidante natural que reduce el envejecimiento de los tejidos, y, por su baja acidez, contribuye a prevenir y curar úlceras gastrointestinales.